Un laboratorio clínico en la Ciudad de México opera con veinticuatro documentos exigibles. Dos menos que una clínica y siete más que un consultorio, y el desglose explica por qué: un laboratorio no atiende urgencias ni opera, pero maneja dos clases de residuo peligroso y responde por la calidad de su agua.
Por aviso, no por licencia
La Ley General de Salud reserva la licencia sanitaria para quien realiza actos quirúrgicos u obstétricos, maneja estupefacientes o usa rayos X. Un laboratorio de análisis clínicos no hace ninguna de las tres, así que presenta aviso de funcionamiento ante COFEPRIS, más el aviso de responsable sanitario y la CLUES.
El responsable sanitario, en este giro, no es un formalismo: es quien responde por los resultados que salen firmados.
Los dos regímenes de residuos, aquí más que en ningún lado
Un laboratorio es probablemente el giro de salud donde la distinción importa más, porque genera volumen de las dos clases todos los días.
Biológico-infeccioso, por la NOM-087: muestras, cultivos, punzocortantes. Cuatro documentos —plan de manejo de RPBI, contrato de recolección, bitácora y constancia de capacitación—.
Químico: reactivos, fijadores, controles vencidos. Otros dos —plan de manejo de residuos y registro como generador de residuos peligrosos—.
Un laboratorio que solo tenga el expediente de RPBI está a medias, y es el error más común del giro, porque la palabra «residuos» hace pensar que es un solo trámite.
El agua, que aquí es reactivo
El certificado de calidad del agua es exigible y se renueva cada año. En un laboratorio el agua entra en los procesos, así que su calidad no es una cuestión de servicio sino de resultado analítico.
Junto a él van el contrato y la bitácora de mantenimiento preventivo, también anuales. Un equipo de laboratorio descalibrado no falla de forma visible: falla dando un número plausible y equivocado.
Lo que vence
Cada año: certificado de calidad del agua, contrato y bitácora de mantenimiento, contrato de recolección de RPBI, constancia de capacitación del personal, y las tres pólizas.
Cada tres años: el dictamen eléctrico conforme a la NOM-001-SEDE.
Lo sanitario no vence: ni el aviso de funcionamiento, ni el de responsable sanitario, ni la CLUES. Un expediente donde casi nada caduca es más peligroso que uno donde todo caduca, porque nadie vuelve a mirarlo hasta que alguien lo pide.
Cómo se lleva esto
Los veinticuatro salen del mismo motor que califica los inmuebles de nuestros clientes, sobre la cadena jurisdiccional de la Ciudad de México. Gestio separa los dos expedientes de residuos y avisa antes de que venza el certificado del agua, que es el que más se pasa.