Un consultorio médico en la Ciudad de México opera con diecisiete documentos exigibles. Una farmacia, con catorce. La cuenta desconcierta a casi todos: el consultorio es más pequeño, atiende menos gente y factura menos, y aun así pide más papeles.
La razón no tiene que ver con el tamaño. Tiene que ver con la basura.
Un consultorio no necesita licencia sanitaria
Empecemos por lo que no le toca, que es lo que más consultas genera.
La Ley General de Salud reserva la licencia sanitaria para quien realiza actos quirúrgicos u obstétricos, maneja estupefacientes o usa rayos X. Un consultorio de consulta externa no hace ninguna de las tres, así que presenta aviso de funcionamiento ante COFEPRIS, más el aviso de responsable sanitario y su CLUES, la clave única de establecimientos de salud.
Tres trámites sanitarios, ninguno de ellos una licencia. Y ninguno de los tres vence.
Los cuatro papeles de los residuos
Aquí está la diferencia con la farmacia, y es la parte que sorprende.
Un consultorio genera residuos peligrosos biológico-infecciosos: gasas con sangre, punzocortantes, material de curación. Basta con eso —no hace falta un quirófano— para que entre en el régimen de la NOM-087, y ese régimen no es un documento sino cuatro:
- Plan de manejo de RPBI, el procedimiento escrito de separación, envasado, almacenamiento y destino
- Contrato con empresa autorizada para su recolección y tratamiento
- Bitácora de generación y entrega
- Constancia de capacitación del personal
Y dos de ellos se renuevan cada año: el contrato y la constancia. Son, junto con las pólizas de seguro, prácticamente el único calendario que tiene un consultorio.
Ojo con la frontera: el plan de manejo de RPBI cubre lo biológico-infeccioso. Si además se manejan reactivos o químicos, eso es otro expediente distinto.
Lo que depende de lo que hagas
Hay trece documentos más que aplican o no según la operación, y tres merecen atención porque cambian el giro de nivel:
Rayos X. Si el consultorio tiene equipo de diagnóstico, entran la licencia sanitaria de establecimiento con rayos X y el permiso del responsable de la operación. Con eso el consultorio cruza la línea de la licencia.
Estupefacientes. Recetar controlados exige recetarios especiales con código de barras.
Publicidad. Anunciar servicios de salud requiere permiso de publicidad sanitaria, cosa que casi nadie tramita antes de imprimir la lona.
El resto es inmueble
De los diecisiete, solo tres son sanitarios. Los catorce restantes son del local: alineamiento y número oficial, uso de suelo, contrato de luz, dictamen de bomberos, dictamen eléctrico, plan de emergencia, programa interno de protección civil, visto bueno de protección civil y las pólizas.
Es la proporción que a nadie le cuadra y conviene decirla: la mayor parte del expediente de un consultorio no tiene nada que ver con la medicina. Un médico que abre su propio espacio suele llegar preparado para lo sanitario y desprevenido para lo demás.
Cómo se lleva esto
La lista sale del mismo motor que califica los inmuebles de nuestros clientes, sobre la cadena jurisdiccional de la Ciudad de México. Gestio sabe qué pedirle a un consultorio, qué no pedirle, y cuáles de esos papeles vuelven a vencer el año que entra.